jueves, 30 de junio de 2011

Eres el perro del hortelano?

Todos hemos oído hablar del perro del hortelano, el tan referenciado que ni come ni deja comer, pero bordeando la metáfora aterrizamos en la vida real y nos perfilamos como seguros conocedores de más de un "perro del hortelano", quizás lo tenemos más cerca de lo que pensamos o queremos e incluso no sepamos que le tenemos al acecho.

Una de las cosas de las que tenemos necesidad de refresco es el "vive y deja vivir", una máxima que casi todos obviamos en la actualidad. Podríamos pensar que es más divertido meter el dedo en el ojo al vecino que dejar que repose pero la realidad rebosa ejemplos opuestos y ello es consecuencia de que nuestra sociedad ha ido escorándose hacia los peligrosos arrecifes de la falta de respeto personal y profesional debido a que se ha llegado a una situación en la que nunca pasa nada, todo el mundo es libre para acusar y engañar invirtiendo la presunción de inocencia y obviando pensar en que un roto, aunque cosido, siempre es visible y recuerda que en su momento fue un roto.

Muchas de las experiencias empresariales internas que se incuban en nuestros negocios, y más ahora que la delicada situación socio económica provoca que las empresas mantengan afilados los sables con los que recortan sus plantillas, van enfocadas hacia el ansia de no dejar comer y están basadas en la errónea y malintencionada creencia que nuestras miserias serán ocultadas por la exaltación de las posibles miserias de los demás.

Si nos sentamos diez minutos a rememorar escenarios sacaremos a flote más de un ejemplo en el que una persona no se siente mal porque no la hayan elogiado a ella sino que no soporta que hayan elogiado a otra. O encontraremos resquemor o rencor porque el de la mesa de enfrente ha cogido el 16 de Agosto de vacaciones aprovechando que el 15 es fiesta, cuando probablemente al "personaje supuestamente herido" le es indiferente el 16 de Agosto. La cuestión es no dejar comer.

Somos humanos?, obviamente pero ello no es justificación para ser intrusivos en los círculos de competencia de los demás y en situaciones que no nos competen; nos equivocamos?, por supuesto pero si no aprendemos de ello tendremos menos calidad humana que antes ya que no habremos aprovechado la experiencia vivida para mejorar; somos envidiosos?, sin duda y por naturaleza pero podemos prosperar con ella siempre que sea positivamente canalizada hacia nuestra zona de influencia competencial y jamás como acicate para compañeros.

La inseguridad profesional actual provoca que cambiemos nuestra forma de vernos en la empresa pero esa visión debe servirnos para mejorar como profesionales en nuestro puesto de trabajo y no para desacreditar los puestos de trabajo con los que compartimos el día a día. Desde el momento que decidimos no dejar comer estamos manifestando a jefes y compañeros que estamos escasamente capacitados para el trabajo por el que nos contrataron, eso genera un feedback negativo que afecta al entorno profesional y jamás conduce a nada bueno.

Nuestra educación profesional sigue tatuada por una fuerte herencia del miedo, una cultura de la huida en la responsabilidad de las acciones y una capacidad importante de asignar errores a los demás que es directamente proporcional en intensidad a la distancia a la que se encuentra el receptor pasivo de nuestras asignaciones.

Sería interesante para gestionar el miedo que nos convierte en perro del hortelano aprender de las cebras. Las cebras no tienen estrés sin embargo cuando aparece la leona sufren un enorme ataque de ansiedad que hace que salgan corriendo para huir del predador. Los años de evolución han hecho que las cebras hayan interpretado que no es necesario correr más que la leona por obvias desventajas físicas sino que es suficiente con correr más que la cebra que tienen corriendo a su lado. Sin embargo las cebras se preocupan por correr más que sus vecinas no por frenar su arranque cuando viene el predador, pérdida de tiempo que probablemente provocaría la muerte de la primera.

Este hecho debería iluminarnos en el sentido que debemos entender la competencia profesional como lo que es, una demostración funcional de que somos competentes ya que competencia deriva de competente y no de competición, por ello debemos preocuparnos por ser buenos en nuestro trabajo y no por complicar el de los demás.

Que haya perros del hortelano repartidos por la geografía empresarial no significa que no sean identificados y tildados. Es evidente que los profesionales que desean mejorar y prosperar van virando su rumbo hacia sus capacidades con lo que van perdiendo el miedo a desaparecer del mapa de su empresa y ese aclarado va dejando solos en la pista de baile a los incapaces y perjudiciales perros del hortelano. Pero cuidado que además muerden.





viernes, 10 de junio de 2011

Asertividad vs Irracionalidad, el miedo nos consume?

La palabra asertivo, de aserto, proviene del latín assertus y significa "afirmación de la certeza de una cosa" con lo que podemos considerar asertiva a una persona que tiene la capacidad e interés de afirmar con certeza.

Pero qué entendemos por "afirmar con certeza"?. En la actualidad la libertad de expresión ha derivado casi a cualquier nivel que se interprete en un extremo libertinaje sin ningún soporte de coherencia que permite y en muchas ocasiones fomenta al descrédito gratuito y la falacia como argumentario de fácil uso y donde cualquiera puede opinar sobre cualquier cosa, hecho absolutamente respetable siempre que atienda a unos conocimientos de base que le permitan discernir con claridad y aportar valor ya que en caso contrario se atenta contra el desarrollo de las personas y las organizaciones. A veces es suficiente con vociferar más y mejor o ejercer guerra de guerrillas antes y/o después de la tertulia.

Actualmente hay un elevado grado de incompetencia mental, una especie de incontinencia verbal desligada por completo del proceso argumentativo y basado en factores externos de apoyo que generalmente aportan escaso o nulo valor al intérprete del improperio.

Siempre provoca más miedo el que grita que el que argumenta, siempre parece "más creíble" el que invade un espacio vital que el que espera su turno de palabra, siempre parece dominar el que infringe miedo que el que transmite confianza y todo es recolecta del cultivo del miedo por ausencia de asertividad. La base de la asertividad en las relaciones humanas es saber contestar concreta y escuetamente a algo sin tener que dar más explicaciones apoyándose en la certeza de lo contestado, resumiendo muy al extremo, saber decir sí o no sin más.

Y por qué no somos capaces de decir algo tan simple como sí o no?, por qué somos escasamente asertivos y nos dejamos abducir por la irracionalidad?. En parte porque existen tópicos por todos conocidos como "quien calla, otorga" que inducen a confundir la educación con la culpabilidad ya que aparentemente quedarse callado ante un ataque irracional o un comentario sin sentido ni base alguna es aceptar el envite cuando realmente se está utilizando la educación y cordura para no dejar en evidencia al emisor del improperio aunque sea plenamente merecedor de ello.

O porque desde pequeños somos educados en el terror al ridículo y en el fomento de la desacreditación gratuita a terceros como herramienta de auto reivindicación lo que nos convierte en seres vacíos, carentes de sentido común, propensos a la disolución de terceros y a un desmesurado e irracional auto proteccionismo que consigue, en muchas ocasiones, mostrarnos como pequeños seres destructores de los demás simplemente porque no estamos capacitados como los destruidos. Y todo se basa en la falta de educación, de la cognitiva y de la ética, ausencia de sentido común y un miedo enfermizo a no ser o parecer como los demás.

Fomentemos la asertividad, digamos sí o no a jefes, amigos, familiares y demás miembros de nuestra vida, no temamos sus reacciones aunque muchas veces sean virulentas y basemos nuestra asertividad en que la reacción a un simple "no" es consecuencia no de nuestro uso de la asertividad sino de la falta de empatía del reactivo. Debemos adquirir la conciencia y fuerza vital que nos permita gobernar nuestra vida como debemos y queremos y no como los demás piensan que debe ser. Suele ser estadísticamente cierto que un improperio hacia nosotros es consecuencia de una carencia mayor en el emisor y es sabido aunque ocultado que la mejor forma de esconder las miserias propias es destacar las de los demás.

Ya decía Johann Wolfgang Goethe que "si cada uno limpia su vereda, la calle estará limpia". Es cuestión de empezar a repartir artilugios de limpieza y que cada uno limpie su vereda y la asertividad es el mejor y más económico producto de limpieza que encontraremos.



lunes, 9 de mayo de 2011

Por qué queremos ser importantes?


Por qué la gente quiere ser importante?, tiene algún significado cierto "ser importante"?. En realidad no, "ser importante" se antoja como un concepto insulso per se y en muchas ocasiones gracioso si relacionamos la idea que tenemos de que algo es importante con la persona que se lo autoasigna. Verdad que nos es familiar el comentario "vaya payaso" cuando alguien se las da de "importante" y nos embadurna sin descanso con ello, pues a pesar de ello cantidades ingentes de personas buscan cada día el truco para hacer ver o creer a los demás que son "seres importantes".

Winston Churchill dijo "el problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes". Llama mucho la atención que siempre atendamos a la inteligencia de las personas cuando éstas han fallecido, en este caso concreto y en todos años no sólo no hemos aprendido nada de esta sagaz apreciación sino que hemos perfeccionado y dimensionado el arte de querer "ser importante" sin ser útil.

"Importante" es un concepto abstracto no referenciable a nada medible, es por ello que muchos individuos y aprovechándose de ello cultivan su apoderamiento tratando de impedir por todos los medios posibles que les descataloguen de dicha categoría sin darse cuenta que están fertilizando el terreno donde caerán de bruces y al cuál arrastrarán a los que con él ejerciten su acción de compra sobre las acciones del "importante".

En la escuela nos enseñan a leer, a escribir y a hablar pero no nos enseñan a escuchar sino que nos obligan a ello, creciendo todos condicionados por ese error de base y aunque sea tarea nuestra rectificarlo al crecer y desarrollarnos como persona no todos lo conseguimos. Paradigma de ello es que hoy día el que escucha a otra persona en un foro sin intervenir en la explicación suele ser tratado de indiferente o inculto cuando muy probablemente esté haciendo ejercicio de su educación y motivación por aprender del que habla que es, en definitiva, el poseedor del conocimiento. En el polo opuesto a esta situación encontraremos sin duda al "importante" haciendo alarde de su incapacidad por ocultar lo que no sabe atentando contra la dignidad cognitiva del poseedor del conocimiento.

Y para elevar el problema a un exponente superior cuando un individuo ansiado de "importancia" ha sido dotado de poder por alguien casi igual de incapaz que él por dárselo y no detectar el ansia y además más "importante" que el primero en la jerarquía de mando, la situación es prácticamente insolucionable, ingestionable e indiscutible y da paso en la empresa a una etapa de oscuridad y ostracismo que asola a todos los miembros de la comarca profesional.

Pero qué ocurre cuando el "importante" no tiene poder alguno ya que ostenta una posición destacada sólo como concepto funcional, en una organización de consenso en la que ha sido elegido por consenso como puede ser el caso de una agrupación de empresas o personas cuyo objeto es la búsqueda del beneficio del agrupado. Obvia decir que cualquier organización de este estilo debe tener un patrón de viaje y un patrono que lo articule pero su brújula debe estar siempre orientada hacia el norte del consenso y la conciencia de actuar por y para los que le han elegido. Pero parece que el "ser importante" es un poderoso campo magnético que descontrola el norte de la brújula desmagnetizándola y convirtiéndola en un instrumento inútil para volver a localizar el norte del consenso.

El "ser importante" atenta de frente contra la aplastante lógica del agruparse para luchar por los intereses comunes. Esta enfermedad es fácilmente prescribible y los síntomas de rápida detección: consenso global sustituído por un ejercicio del poder administrativamente inexistente pero funcionalmente aplicado; una obnubilada capacidad por decidir sobre temas escasamente conocidos ajeno a cualquier asesoramiento externo; condena a un posicionamiento pasivo de los agrupados en quebranto cognitivo y riesgo cierto de error; exposiciones surrealistas por parte del "importante" con accesos de ira contra opiniones contrarias o sibilinas estratagemas basadas en guerra de guerrillas fuera del entorno grupal para desacreditar opiniones contrarias generando ello una patología pandémica ampliamente extendida en la actualidad.

Es en estos momentos cuando los ecosistemas profesionales se vuelven inestables y los balances energéticos entre el objetivo inicial de todos los que se agruparon y el ansia personal del "importante" por destacar y tener representatividad única de él y los suyos provocan el desequilibrio que genera un enrarecimiento creciente de la atomósfera del ecosistema contaminándolo y provocando, en muchas ocasiones, su anulación y desaparición como tal.

Localicemos a los "importantes" y huyamos de ellos enseguida que podamos, apartémonos de su ansia de nada, dejemos que prosperen en sus ambientes pero no permitamos que contaminen los nuestros y orientemos siempre nuestra brújula hacia ser personas útiles, hagamos caso a W. Churchill que al parecer no le fue tan mal.